Martes, 22 Diciembre 2020 15:02

A solas en navidad, año nuevo o reyes: cómo llegar con vida a la mañana siguiente

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Como es de esperarse en un artículo honesto, a continuación no encontrará la revelación de cómo armar un fiestón unipersonal y pasárselo en grande en estas navidades, así que de una vez se advierte que eso no es lo que obtendrá aquí. Sin embargo, en estas líneas sí dará con algo muy útil: remedios caseros para llegar con vida a la mañana siguiente del jolgorio, que a la larga es lo que necesitamos para salir del apuro (por ponerlo en términos descarnadamente prácticos).



Esta columna se escribió buscando tenderle un puente para cruzar estas noches sin desesperarse. La razón de base para querer ayudarlo en eso es una sola: la vida, con todo y lo fatigosa que sea a veces, vale la pena. Seguir aquí vale la pena (por los atardeceres, por las montañas, por la playa, por su canción preferida, por su comida favorita, por la sonrisa de esa persona, por ayudar a otras personas, por la curiosidad de saber qué más podría pasar en su historia… esas cosas valen la pena).


Pues bien, para acompañarlo a través de ese desierto, procurando que estas sean noches de paz aunque no sean noches de amor, preparé un arsenal de 8 ideas que me gustaría proponerle:


Primero: recuerde que Ud. no está en la obligación de celebrar y está bien si se siente triste (pero no se quede ahí)


Las fechas tienen el significado que uno quiera darles. Lo hemos visto en Halloween y lo hemos decidido heroicamente en San Valentín: las fechas tienen el significado que uno quiera darles.


Es algo obvio, pero cuando uno está girando en el remolino frenético de decoraciones con hombrecitos de nieve por todas partes, publicidad sin piedad a toda hora y fotos navideñas en las redes sociales, a uno se le olvida que uno no está obligado a hacer parte de esa fiesta. Por lo tanto, recuerde: usted, como el adulto que es, no sólo puede elegir despedirse cortésmente y salirse del grupo de los compañeros de universidad en WhatsApp, sino que también puede elegir si celebra una fecha o no. Que a uno le tiemble el pulso y no se anime, es otra cosa. Pero, de poder, puede.


Tener esto en mente ya alivia por lo menos el 50% de la tensión: si no quiero, no celebro. Me acuesto a dormir temprano y punto. Total, es el fin del año, no el fin del mundo.


Por otra parte, no trate de estar contento a la fuerza porque el hastío será peor. Es normal que uno se sienta triste en una circunstancia como esta y más aun viniendo de un año como este. Está bien si uno no se siente radiante.


Eso sí, procure no quedarse ahí: tenga en cuenta que el responsable del 100% de la propia felicidad es uno mismo (o sea, tenga en cuenta que nadie va a venir a rescatarlo), así que hay que tomar medidas pronto: desde acudir a cosas sencillísimas como poner en práctica las demás ideas de este artículo, hasta tomar medidas de fondo como buscar terapia (terapia seria, profesional, con un psicólogo o con un psiquiatra que le brinde soluciones científicas a su problema. Y, por cierto, si este es su caso, nada de ir a sentir vergüenza: tener un cuadro de depresión es tan humano como necesitar lentes para ver o como precisar una cirugía. No hay absolutamente nada de qué avergonzarse, como tampoco hay tiempo que perder en sesiones de coaching, por ejemplo, porque los coaches no tenemos una solución para ofrecerle ante un diagnóstico de enfermedad. Cuando el asunto es serio, ciencia. Y si no está seguro de qué tan serio sea el asunto, ciencia igual. Con esas cosas no se puede jugar y la depresión no se reduce a una cuestión de “poner buena actitud”).


Volviendo al punto central, para empezar, recuerde que es su decisión celebrar o no. “Celebrar” es un derecho, no una obligación.


Segundo: si va a celebrar, hágalo a su manera – concédase alguna indulgencia

 
Empecemos por la solución clásica: ¿cuál es ese libro que lleva mucho queriendo leer por gusto (un libro que no le aporta nada a su trabajo) y que no ha podido ni siquiera sacar del empaque?


¿Le gustaría hacer una maratón de series como esas que sus amigos dicen que hacen pero que usted nunca puede por falta de tiempo?


Estas fechas también pueden ser la ocasión para cuidar de usted. Por ejemplo, puede tomar un baño más largo que de costumbre, haciendo de ese momento su propia versión de un spa en casa (ponga una musiquita, prenda una vela, úntese cuanta crema, mascarilla o exfoliante pueda inventarse con lo que haya en la cocina).


Por otra parte, puede esculcar en el cajón de los recuerdos: ¿cuál era su comida favorita de niño? Si puede permitírselo, incluso si se trata de una receta complicada (a la larga, si la receta es difícil y dispendiosa, hasta mejor: con eso ya resolvimos el plan de unas 4 horas), mídasele al reto.


Tercero: acuda a la tecnología para conectarse, no para compararse

 

Si tiene a quién llamar por teléfono, perfecto.


Si tiene con quién hacer una videollamada, excelente.
 


Si en el fondo a usted estas fiestas le dan prácticamente lo mismo, chismosee a sus anchas en las redes sociales para ver qué están haciendo los otros.


Pero si usted, en cambio, de verdad está acongojado, no tanto porque extrañe a su familia sino porque, por ejemplo, quisiera tener una (la suya propia, con pareja, niños y perro, el combo completo) y hasta ahora no ha podido, puede que le convenga mantener una distancia prudente de las redes sociales durante la noche y usar su teléfono celular sólo para poner sus canciones favoritas mientras hace otra cosa.


No se trata de huirle a la felicidad ajena como a la peste. Se trata sólo de entender que una de las fuentes más potentes de infelicidad es la comparación y se trata a la vez de tener un sentido elemental de la oportunidad: a las 3:00 a.m. de una noche de insomnio uno es muy vulnerable. No se exponga innecesariamente comparando su soledad con el montón de regalos que recibió su amigo en nochebuena. ¿Para qué? No se dé mala vida en vano.
 

Cuarto: sea su propio papá Noel, reyes magos o niño Jesús:



Si tiene modo, regálese alguna cosita que no necesite pero que le guste. Eso sí, como siempre, el móvil detrás del regalo es lo importante: ni se le ocurra darse ese regalo como premio de consolación a su soledad. Asegúrese de hacerlo animado por una dosis saludable de amor propio. Hágalo por ser buena onda con usted mismo.
 

Quinto: sea papá Noel, reyes magos o niño Jesús para alguien más



Antes de que rezongue porque desde que leyó el enunciado le dolió el bolsillo, permítame aclararle a qué me refiero en este quinto punto: una forma muy eficaz de estar más alegre es ayudar. Y ayudar, a menudo, es gratis.

Dentro de los límites de las restricciones sanitarias de este momento, si puede, ofrézcase de voluntario en alguna fundación (o en su parroquia, si profesa alguna religión) para colaborar en una obra social haciendo realidad un milagro de navidad para alguien que lo necesite: ayudando con la logística de empacar regalos o ayudando a conseguir donantes para comprar juguetes, por ejemplo. 


Si en su ciudad no es posible salir, haga este experimento: done lo que pueda (así sea poquito) a un banco de alimentos. El problema de esta idea es que no aporta ningún bienestar teórico. Para saber de qué nivel de felicidad le estoy hablando, es indispensable hacerlo: done algo, lo que pueda, y verá el rayito de felicidad que va a sentir dentro de usted en cuanto dé click en el botón de pagar. Pero hágalo, en serio, y verá. Pensar que una familia esta noche podrá tener comida en su mesa gracias a un sacrificio de su parte, es una experiencia íntima muy bonita. Tanto, que no se puede describir.


Sexto: aproveche para celebrar limpiando el clóset

 
Limpiar el clóset es de lo más renovador que hay. Incluso más que un cambio de estilo de peinado. Lo que sucede con la limpieza del armario es que la sensación es de liberación: cuando uno saca las bolsas o las cajas de cosas que ya no va a usar más, el sentimiento que hay debajo es el de estar liberándose de un peso muerto del pasado. Y eso es una maravilla.

Por supuesto, para que la misión sea exitosa, conviene tener un método. Mi favorito es el de la famosísima Marie Kondo, que se lo resumiré de la siguiente manera: el criterio no es “¿Cuánto llevo sin ponerme esto?”, sino “¿Me siento feliz cuando me pongo esto?”. Si se siente feliz, déjelo en el clóset, aunque no se lo ponga nunca o aunque esté desteñido, roído y viejo. Déjelo.


Y si no se siente feliz cuando mira esa pieza, Good-bye, aunque esté nueva. La función que cumplió esa prenda fue la de recordarle que uno no debe comprar cosas sólo porque están en rebaja, por ejemplo.


Y lo mismo con esas cosas que uno se pone todos los días como “ropa de entre casa”, pero que lo hacen sentir derrotado: aunque las use mucho, sáquelas. Al final le quedará un guardarropa compuesto sólo por sus cosas favoritas y de verdad que esa es una sensación muy agradable. Haga la prueba. El método, como le digo, es el de Marie Kondo (está por todas partes en internet y en las librerías).

 

Séptimo: póngase en movimiento


No es tanto que el ejercicio sea un antidepresivo, como que permanecer siempre quieto es, haga de cuenta, inducirse uno mismo la depresión. Nos guste o no, estamos diseñados para movernos.


Si puede salir a dar una vuelta en un parque, estar en contacto con algo de naturaleza, estupendo. Si no, no hay excusas: en YouTube hay clases gratuitas de baile (de TODOS los bailes), de aeróbicos, de yoga, de todo. De absolutamente todo. Gratis.


Es cuestión de voluntad. No hay que decir más al respecto.

 

Octavo: lo más importante es qué se dice Ud. sobre su soledad



Usted no es la única persona que va a estar sola en navidad. Haga el ensayo de escribir “Solo en navidad” en Google: en 0,46 segundos aparecerán 406 millones de resultados (sólo en español. En inglés me aparecieron 1.120 millones de resultados). Usted no es el único en estas.


Y este tampoco es un estrago exclusivo de la pandemia, sino que es más bien una característica de nuestra época: desde antes de los confinamientos mundiales, muchas de las personas entre 25 y 34 años no tenían con quién pasar las fiestas.


Le hablo de estas cifras por una razón práctica: si bien es cierto cuando uno está triste da mucha rabia que alguien le diga “No sea desagradecido: afuera hay gente que está peor”, si bien es cierto eso es irritante porque a la larga es uno quien está padeciendo el dolor en su propio pellejo, le menciono las cifras porque es importante que tenga en cuenta que, en todo caso, de verdad, usted no es el ser más desafortunado de la Tierra, sino que la soledad es uno de los dramas de nuestra época. Y saber que uno no es el único, aunque sea un consuelo de tontos… no deja de ser un consuelo.


Puede que en su caso usted no esté solo por no tener a nadie sino por haber elegido comportarse como un ciudadano responsable en medio de la emergencia sanitaria global que atravesamos. Si eso es así, piense que aunque puede que este esté siendo el diciembre más aburrido de su vida, el aburrimiento es un precio pequeño comparado con la cantidad y la calidad y la calidez de los abrazos que nos aguardan si hacemos las cosas bien ahora. Y siéntase orgulloso porque usted, ahí donde está, aburriéndose, está aportando a la solución.


Por último, a propósito de su soledad (la de ahora y la de más adelantico en su vida), van dos puntadas finales:


Primera puntada: una cosa es encontrarse en la circunstancia de estar solo y otra cosa es tener uno una personalidad solitaria (como nos pasa a varios). Los de la personalidad solitaria, aunque de vez en cuando sí quisiéramos interrumpir nuestra soledad con la compañía de esa persona especial, a la larga no nos la estamos pasando tan mal. En estos casos lo más estratégico suele ser ajustar el cuento que nos contamos sobre nuestra propia realidad, aceptando que en parte estamos solos porque queremos (en este campo caben también los que prefieren estar solos que mal acompañados. Como diría mi abuelita Juanita: “si hay carne en el garabato, no es por falta de gato”).



Y la segunda puntada, si está usted en la circunstancia de hallarse solo en contra de su voluntad, recuerde algo que puede traer mucha paz mental: estar solo no es lo mismo que estar abandonado. Es segurísimo (pero segurísimo) que dentro de los 7 mil millones que somos hay alguien por ahí, afuera, que habla de usted en este momento (o que hablaría de usted si lo conociera) como si se tratara de un tesoro, como el tesoro que usted en su corazón sabe que es.



Y por eso, porque usted sí es un tesoro y porque la vida no va a comenzar cuando termine la pandemia, sino que la vida es esto que está viviendo ya mismo, por modesto que sea su escenario actual, si se anima, procure invertir estas horas de soledad en cuidar de usted como si usted fuera la persona más adorable y más valiosa del mundo del estrellato… porque lo es. El universo estaría incompleto si no estuviera usted en él.

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Por: Sylvia Ramírez Rueda
Conferenciante internacional de felicidad, liderazgo y marca personal.
Autora de "Felicidad a prueba de oficinas" (Ed. Planeta, 2017)
Autora de "Manifiesto de Felicidad" (Ed. Planeta, 2020)

Perfil profesional: click aquí para ver la trayectoria de Sylvia
Instagram - Twitter: @SylviaNetwork
LinkedIn: Sylvia Ramírez Rueda
www.sylviaramirez.co


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