Martes, 23 Enero 2018 16:22

"Madurez y Sabiduría" - Sylvia Ramírez

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El sinónimo más hermoso de madurez es felicidad porque las personas maduras han entendido que lo normal es ser felices. Y la forma más sencilla de serlo y de fluir en la vida, a menudo consiste en estar sinceramente dispuesto a contribuir con lo inevitable. El ser humano maduro no rema nunca contra la corriente pero siempre encuentra el modo ingenioso de transformar su realidad y de mejorarla… sin consumirse en cruzadas insensatas.

 

 Pareciera que nos hacemos grandes cuando se nos incuba en el alma una urgencia por “querer llegar”. A ningún lado en particular pero de todos modos nos urge. Nos levantamos sintiendo que ya vamos tarde. Es un afán que se justifica por el afán en sí mismo y que nos hace sentir tan culpables si no estamos haciendo algo productivo que cuando nos queda un rato libre –leí en algún lado-, ya no sabemos si de verdad tenemos tiempo libre o si es que se nos está olvidando algo que teníamos pendiente de hacer.

 

Mientras “Administrar el tiempo” siga siendo equivalente a “Cómo-hago-para-embutir-más-actividades-en-la-misma-cantidad-de-horas”, vamos a seguir sintiendo que la vida se nos va como agua entre los dedos. No, no y no: usted no tiene que ser tan hiperproductivo como las noticias de sus amigos, a quienes según Facebook les va cada vez mejor en la vida, le hacen creer que necesita ser. Resulta que para tener mucho dinero; ser muy reconocido en su trabajo; tener un buen cuerpo; estar a la moda (en ropa, música y películas) y vivir enterado de las noticias del mundo (políticas, económicas y de farándula, aparte de los marcadores de los partidos de fútbol), para hacer todo eso a la vez, se necesita mucho tiempo y mucha energía. Y tiempo y energía son los recursos más escasos en la vida de los adultos de hoy. Por eso nos sentimos agotados y de ahí que la pregunta importante no sea “Cómo lograr hacer más cosas en un día” sino “Frente a qué hay que empezar a pensar distinto”. En la vida. 

De manera independiente a las convicciones religiosas (o a la ausencia de las mismas) en cada uno de nosotros, la Felicidad sí encuentra en la vida espiritual un componente determinante.

Cómo hacer listas de pendientes más efectivas. Curso para manejar el tiempo. App para el celular que repica cuando es hora de cambiar de tarea para mantener la atención. Aceleradores de ideas. Libros sobre productividad: este coctel puede volar la tapa del cerebro a cualquiera que se lo tome muy en serio.

El título real de este artículo debió ser “El Ego, el talón de Aquiles de los abogados grandes”, dado que la cuestión de base es la siguiente: antes que estar al día con las últimas reformas legales, los avances más recientes en la ciencia del liderazgo apuntan a que el atributo interno definitivo para liderar una firma de abogados es la humildad. Y ocurre que la humildad es un fenómeno relativamente exótico en nuestra profesión. Sí, humildad, que no consiste en tener una disposición incondicional a permitir que otros pasen por encima suyo, sino que, al contrario, se concreta en la virtud de conocerse; de saber cuáles son sus límites y de no necesitar ganar todos los casos, aparecer a diario en las noticias ni estar siempre en lo cierto para saber que usted es un abogado competente. La humildad, entendida como sencillez, puede ser el detonante de su éxito como líder -y de paso del de su oficina- porque le permitirá enfocarse en las cosas que son en realidad importantes.

Hija, como soy, de este sistema, tengo que admitir que en mi cabeza rondan todos los sueños del capitalismo de Adam Smith: me gustaría comprar una casa grande; tengo la suscripción a Vogue para soñar; por supuesto quiero el nuevo iPhone y claro que estaría encantada de pasar un fin de semana en el Ritz de París. La dinámica del bienestar capitalista es simple: usted da el dinero y a cambio se libera del pesar de tener lo mismo de siempre. “El encanto dura lo que dure el deseo. Y, cuando se desencante, tranquilo: le vendemos un sueño nuevo”. Impecable.

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